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Y no sólo eres guapa, sino que también estás buenísima y esas historias que cuentas son realmente cachondas, como me gustaría darme un revolcón contigo, lastima que estés tan lejos, sin embargo, como un homenaje a tu belleza, que realmente eres bella, en verdad os digo, aquí te envío una pequeña historia, quizás no tan caliente como las tuyas pero para mí por demás placentera y ya quisiera volverla a vivir.
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Resulta que hace un par de meses conocí una damita muy agradable, no muy bonita, pero con un trasero formidable, y una piel, que pensé cuando la conocí, ,"esta se ha de bañar en leche como Cleopatra". En fin que cuando la miraba de inmediato sentía un cosquilleo en el estómago y endurecimiento entre las piernas que era muy difícil de disimular, además ella me miraba de una forma que cachondeaba mis neuronas. Sin embargo entre ella y yo no podía haber nada o eso creía yo. Uno nunca conoce los designios del destino.
Cierta noche coincidimos en la casa de una amiga mutua, en una pequeña fiesta de cumpleaños. Con vino, platica y cahondeo popular para pasar el rato, y yo no podía dejar de mirarla, de mirar el trasero monumental queriendo escapar de una mini blanca que hacia un juego perfecto con una blusa de seda del mismo color que dejaba ver un poco la tersura de su piel. No era muy bella como ya os he dicho, pero aquella noche en particular lucia fenomenal la fiesta.
Terminó tarde, uno a uno los amigo se fueron marchando, cuando quedábamos sólo unos pocos decidimos coger un taxi, pero más de los que podíamos caber y sólo quedaba uno en la parada. En mi pueblo no hay taxis a altas horas de la noche, ella decidió caminar y claro yo me ofrecí a acompañarla, sobre todo porque vivía lejos, y además empezaba a lloviznar y podría ser peligroso que caminara sola a altas horas de la noche, así que nos lanzamos a andar por esas calles desiertas sintiendo como la lluvia arreciaba y aunque en realidad el agua no estaba fría se fue pegando poco a poco a mí argumentando frió.
Tú eres mujer y sabes lo que pasa cuando una blusa se humedece, sus pezones se trasparentaban a través de la tela incitando mi lujuria y mis labios. La abracé claro que la abracé, sobre todo porque el agua arreció aún más, en un momento dado era tan fuerte que no podíamos avanzar más, la abracé más fuerte y nos recargamos en la verja de un jardín que en realidad era la puerta, esta cedió con nuestro peso y estuvimos a punto de caer, cosa que hicimos en el pasto del interior del jardín, total qué más podíamos mojarnos a nos ser que ella estuviera tan húmeda de su entrepierna como yo había dejado mi, pantalón tan sólo de sentir su piel, ella notó mi erección, como no iba a notarlo si yo sentía que mi pene quería escapar de mi pantalón, "¿Te excito? me preguntó, "No sólo me excitas me enloqueces", le dije, y me ofreció su boca, mis manos buscaron sus pechos, y luego su trasero para dejar lugar a mis labios, ella desabrochó su blusa y mi boca se deslizó por su estomago mientras mis manos quitaban su pantaleta, luego le agarré aquel bello trasero con ambas manos y me hundí en el calor de su vagina, mi lengua intentaba secar el agua de lluvia que anidaba en su entrepierna, y ella comenzó a gemir d forma desesperada, realmente era delicioso, el sabor a sal y agua de su vagina me enloquecía y ella también creo, ya que fue buscando la manera de abrir mi bragueta y acercar su boca a mi verga para chuparla de una forma deliciosa, abrí sus nalgas con mis manos y hundí uno de mis dedos en su culo, ella gemía profundamente contra mis huevos y me pidió que la penetrara: "Cógeme", me dijo en un susurro, y yo no me hice de rogar se tendió de espaldas en el pasto mojado y me mostró su trasero chorreando agua, realmente era hermoso, la penetré por detrás mientras mi mano buscaba su clítoris y me moví. Dios, creo que nunca lo había hecho como esa noche, el sentir el roce de aquella piel me sobre excitaba ella echa la cabeza hacia atrás como queriendo sentir la lluvia que caía sobre su rostro, y comenzó a gritar de placer, luego me mojé, la inundé de leche, que se desparramó entre sus nalgas, pero no deje de moverme, era demasiado sabroso como para dejar de hacerlo, sólo lo hice cuando ella se retiró para seguir mamándomela, tirado sobre la hierba me torturó de placer, ya no podría eyacular otra vez, porque en realidad me había exprimido pero sentir su boca chupando era la gloria, tenía que tragarme el agua que caía cada vez que abría la boca para gritar, pero fue realmente delicioso, luego se tendió junto a mí y permanecimos así un buen rato, semidesnudos bajo la ahora tormenta, sobre el pasto de un jardín ajeno, pero qué importaba, aquella noche no la cambiaría por nada en el mundo, salvo quizás por coger contigo.
Ramón17 de Agosto 2002
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