" border="0" alt="Sexo con morbo total" width="547" height="67">Hola Rocío, vi tu página y me gustó tanto que me animo a enviarte mi historia, que sucedió en la realidad.
Siempre he sido una persona introvertida, con temor a "lanzarme" a las mujeres, pero con muchas ganas de tenerlas. Una noche, dando vueltas en busca de diversión, me detuve en un pequeño night club, donde comencé a buscar alguna chica que me gustara. Encontré a una, con muy buen cuerpo. Delgada, cabello largo y lacio, bien quebradita y un culito fantástico, aunque no era muy dotada de pechos. En fin, me acerqué a ella y le propuse hacer el negocio, es decir, negociamos la tarifa por sus servicios y me convenció, pero había el inconveniente de que en ese momento ella estaba por salir con otro cliente. Pero eso no me desanimó (bueno, en este mundo, todos los hacemos con todas, y todas lo hacen con todos), así que quedamos en que yo pasaría por ella dentro de una hora. Y así fue. Luego de una hora pasé por ella pero no la encontré. Pasaron unos minutos más y apareció, y nos fuimos directo a un hotel.
Ella estaba genial. Una vez que la vi completamente desnuda me gustó aún más su culito. Fue una salida rápida aquella, así que no tengo muchos recuerdos, pero lo que sí recuerdo bastante bien es que me encantó. Me gustó tanto que le pedí su teléfono, y grande fue mi alegría cuando me lo dio, su celular y el de su casa.
Luego de algunas semanas me animé a llamarla, un domingo. Le dije: "hola Karen, ¿te acuerdas de mi? Me gustaría que saliéramos hoy", a lo cual ella accedió. Ese día, en que a ella no le tocaba "trabajar" en el night club, quedamos en encontrarnos en la esquina de dos avenidas en el Centro de Lima, en la puerta del local comercial Hiraoka. Y así fue.
Quedamos en encontrarnos a las 8 de la noche. Yo fui y me estacioné ahí, esperándola. Eran las 8:15 y ella aún no llegaba, así que la llamé a su celular para saber de ella, y me dijo que estaba en camino, cerca de nuestro punto de encuentro. Yo estaba algo nervioso, pero bastante ecxitado. En eso, ella llegó, me tocó el vidrio de la puerta y la hice pasar. "Hola", le dije, y le lancé una mirada de esas que dicen "qué bien la vamos a pasar", y ella entró. "¿A dónde vamos?", preguntó ella. Y yo le dije que conocía un hotel no muy cerca, pero de confianza, pero ella no quiso ir allí, pues prefirió algo más cercano.
Entonces, fuimos a buscar algún hotel cómodo, y encontramos uno en la avenida Arenales. Entramos y comenzamos a acariciarnos. Le quité la ropa con mucha delicadeza, a la vez que la acariciaba. Una vez desnudos en la cama, ella comenzó a hacerme sexo oral. Guauuuu!!!!, qué fantástico, hasta ahora nadie me lo ha hecho mejor que ella. Sus labios húmedos chupándomela son algo delicioso, y lo mejor es que lo hizo por más de 10 minutos, sin detenerse. Luego yo le hice sexo oral, yo sentía la necesidad de hacérselo porque me encanta ver cómo se excitan las mujeres. Ella se movía y se retorcía dando gemidos de placer, a tal punto que me comenzó a pedir que se la metiera, y eso hice. Me puse un condón y comenzamos con nuestro "baile", fue delicioso.
Hicimos varias poses, pero las que más me gustaron fueron la tradicional y la pose en que ella va encima y yo abajo echado. Esa última me gustó mucho porque veía su rostro de placer y sus movimientos sensuales. Una vez que terminamos ese "round", nos quedamos dormidos, abrazados, y minutos después, volvimos a hacerlo por segunda y tercera vez. Estuvimos en esta situación por aproximadamente seis meses: yo la llamaba los domingos y quedábamos en encontrarnos.
Hasta que llegó el día en que me animé a hacerlo sin condón. Se lo propuse y ella accedió. Yo pensé que ella iba a decir que no, por temor al sida, pero no. Yo tenía temor, pero esa deliciosa chuchita valía la pena correr el riesgo. Entonces, así quedamos. Quedamos en que el próximo domingo lo haríamos sin condón.
Esa noche fue espectacular. Penetré en su hermosa chuchita suavemente, sintiendo toda su humedad, sus vellos púbicos y su calentura, guauuu!!!!!! Fue fantástico. Entré en ella, la hice gemir de placer y gritar en sus orgasmos, y eso me exitó aún más. Lo hicimos, como siempre, por segunda y tercera vez (no lo hacíamos más veces por no tener mucho tiempo, pues ella debía regresar a ver a su hijo, que tenía 11 años y ya comenzaba a darse cuenta del estilo de vida de su madre). Luego dejé de verla por un par de años, pero un buen día, la llamé. Se acordó de mi y me dijo: "Ya terminé con el enamorado con el que estaba cuando tu y yo nos encontrábamos los domingos. Ahora estoy sola y estoy aburrida. A ver cuándo me sacas a pasear, ir a bailar, comer algo juntos y luego a lo nuestro, para pasarla bien como antes". Esa conversación me excitó, y pronto nos reencontraremos.
Ya les contaré.
5 de Junio 2003
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