Hola, Rocío:
Te escribo desde Venezuela, he visto, con mucho agrado, tu pagina, la verdad esta muy bien, y creo que voy a sintonizar en esa nota de las historias, la mía sucedió hace algún tiempo:
Siempre he tenido suerte con las mujeres mayores que yo, debe ser por la cultura que me dieron mis padres, el caso es que disfruto, de conciertos, teatro, ballet, opera, y literatura clásica, en fin, debido a esto y un trato caballeroso con las damas, es que he podido tener más contactos con las maduras. Laboraba en una empresa de construcción, en el departamento de ventas, un buen día conocí, a una de las Arquitectos, de uno de los proyectos de la empresa, creo que para ese entonces me llevaba unos 10 años, es una mujer divorciada dos veces, muy alegre y simpática. Inmediatamente congeniamos y se entabló entre los dos una competencia de juegos eróticos muy simpáticos, mientras mis compañeros se abochornaban con sus indirectas cargadas de morbo, yo no hacía otra cosa que alimentarlos, esto provocó en ella una especie de reto, el cual yo tomé, con mucha picardía. Si estaba en un bar con los amigos, de esos que tienen música en vivo, la llamaba desde mi celular, y le dedicaba una canción, o en el día de San Valentín, le obsequiaba una bolsita de bombones con un llavero que tenia dos muñequitos haciendo el 69, también la llamaba, para conversar de cualquier cosa, y terminábamos diciéndonos cachonderias.
Así estaban las cosas hasta que tanto va el cántaro al pozo, hasta que se rompe, quedamos en encontrarnos después del trabajo, serian las 6:00 PM cuando salí de la oficina, y en el estacionamiento estaba esperándome en su automóvil, apenas me subí y fui a darle un beso en el cachete, cuando ella tomó mi cara y me besó en la boca.
Había tal carga de deseo, que nuestras manos viajaron solas explorándonos, acariciándonos, apretándonos, mientras nuestras lenguas comenzaban un encarnizado combate. Así estuvimos un buen rato, 10 o 15 minutos, inmediatamente, encendió el auto, y salimos de allí, mientras ella manejaba. Yo le tenía mi mano posada en su muslo, suave, terso, iba subiendo lentamente mi mano hasta llegar al borde de su falda, ella estaba nerviosa, expectante a mis movimientos, pensando en la posibilidad de un accidente, y queriendo hacerla sufrir un poquito mas, volvía a llevar mi mano hasta su rodilla. Ella hablaba de cualquier cosa, yo miraba los resultados de las caricias previas, su blusa entreabierta, dejaba ver su seno izquierdo, envuelto en un delicado sostén, podía ver inclusivo lo erecto de su pezón a través de la tela. Podía ver su rostro, estaba abochornado, no por la vergüenza, sino de excitación.
Rápidamente llegamos a un Motel y una vez dentro de la habitación, volvimos a comernos a besos, y a forcejear con nuestras ropas, al liberar sus pechos. Tomé uno de sus pezones en mi boca, y comencé a mordisquearlo, lamerlo, mientras ella, se apoderaba de mi miembro, que estaba duro, venoso, ella lo acariciaba de arriba a bajo, mientras suspiraba, cuando introduje un dedo en su sexo, éste estaba empapado, ella jimio diciéndome que me deseaba, logré desnudarla, y ella a mi, parecíamos un par de pulpos enfrascados en una lucha.
La introduje en el baño, y bajo la regadera, comencé a bañarla, poniéndome de rodillas bese su sexo, el cual lamí con desespero, bebí sus secreciones, mientras introducía un dedo en su concha y otro en su culo, ella se sacudía de un lado a otro, estremecida por el placer, luego ella me enjabonó, para introducir mi pene en su boca. Creo que era una de esas pocas veces que lo he tenido tan duro, el glande parecía una ciruela de lo amoratado e hinchado que estaba, mientras me devoraba la pinga, acariciaba mis bolas, que de vez en cuando las lamía y chupaba, era tanta la carga de pasión que no aguanté y me derramé en su boca, cara, cuello y senos. Ella se los untaba por la cara y lo saboreaba, salimos de la ducha y corrimos a la cama, para volver a besarnos y acariciarnos, subí sobre ella y apoyé sus piernas en mis hombros e introduje por fin mi miembro en su vagina palpitante, estaba tan excitada, o quizás como yo iba para el segundo polvo, o ambas inclusive, llegó dos veces más antes de que yo alcanzara el mío, ella gritaba, y sacudía su cabeza como una posesa, inclusive llego a rasguñar mis nalgas, de la excitación que tenia. Su cuca parecía un horno de siderúrgica, y mi guevo una barra de acero, no es que lo tenga grande, era lo duro que estaba, cuando llegué dentro de ella, si bien no era la andanada de la primera vez, no dejó de ser fulminante.
Tuve la suerte de llagar junto con ella, y caí rendido entre sus brazos, rodé a un lado y seguí disfrutando de esa sensación de paz, de vacío, al verla estaba con los ojos cerrados, y una lagrima rodaba por su mejilla, la tomé en mis brazos y comencé a acariciar su cabello, no paso mucho tiempo sin que ella comenzara a acariciarme el miembro, me decía lo feliz que estaba en ese momento, y que deseaba que no terminara la noche, cuando mi pene, se lo introdujo en la boca, yo aproveché para colocarla encima de mi y comenzar el más rico y sabroso 69 de mi vida, soltó mi miembro, y se sentó en mí cara, frotaba su chirla contra mi boca, mientras se acariciaba toda. Nuevamente fue sacudida por otro orgasmo y yo, aunque ya no estaba tan duro como unos minutos antes, volvía a empalmarme. Ella se puso luego en cuatro patitas y me pidió que la volviera a penetrar, ya yo estaba listo y la penetré por su sexo, con mi dedo acaricié el hoyito de su culo e introduje nuevamente un dedo en el, ella jimio, y comenzó a mover sus caderas como una posesa, hasta que obtuvo otro orgasmo, como yo no había llegado y quería exprimir mis bolas hasta la última gota, saque mi guevo de su cuca babiante, y enfilé mi machete contra su culo. Al principio protestó, pero la posición estaba a mi favor, al fin su hoyito se rindió y penetré ese culo, que según ella era virgen, yo se que si, por lo ajustado que estaba, pronto se acostumbró a la nueva experiencia, cuando ya estaba gozando como una loca, y yo sentía como mi leche venía a galope, bañé sus entrañas, y ella llegó a otro orgasmo, ya que yo le había estado acariciando el clítoris durante la cabalgata.
Al despertarnos la mañana siguiente, volvimos a tener sexo, más relajados ella sobre mi, yo estaba echo polvo, y dormí todo el día en mi casa. Después de eso hemos vuelto a salir, y nos volvemos a coger mutuamente, no tan apasionados como la primera vez, pero igual de sabroso.
Miguel A.
Octubre 2001
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