[ Passwords a Vídeos Porno & mucho más enviando un solo SMS ] [ Galerías diarias de lesbianas ] [ Videos Porno Españoles!!! ]
[ Alocadas fiestas VIP's con total desenfreno y lujuria - Nuevas fotos TODOS los días ]
Nuestra cita
(Fetish)
Hola Rocío! Voy a presentarme porque soy nuevo en tu correo. Soy Pep, de la Provincia de Barcelona, y tengo 30 tacos. En primer lugar debo felicitarte por ser como eres. No siempre se encuentran chicas que se tomen los temas sexuales tan abiertamente como tu. Ojalá hubiera más. Tu página está de cojones. Y nunca mejor dicho. Algunas veces me había pasado por la cabeza escribir un relato erótico, pero no acabada de ponerme. Fue al encontrar tu web, que me diste el empujoncito que me faltaba. Me senté delante del ordenador y empecé a escribir. Tus fotos me sirvieron de fuente de inspiración. Debes saber que a los pocos minutos, ya estaba totalmente desnudo delante del ordenador, escribiendo y excitándome para ti. Me fue imposible escribir el relato todo seguido, pues tuve que parar más de una vez, para hacerme una buena paja, y poder transmitir todo el calor que llevaba dentro hacia ti. Espero que te guste el relato "Nuestra cita". Bueno también espero que sea capaz de excitarte, y que goces un montón mientras lo lees. También me gustaría que me contestaras. Pero no algo de rigor. Me encantaría que me contaras que te ha parecido el relato, lo poco o lo muy cachondo que te he puesto, y si de verdad he conseguido mojar la silla donde ahora estás sentada. Si me convences de que, te mandaré la continuación de nuestra historia. Debo decirte que no tengo escáner ni cámara digital, así que de momento me es imposible mandarte una foto mía. Se despide atentamente: PEP Un beso y que disfrutes: NUESTRA CITA Después de unos cuantos mails y algún que otro chat, quedamos para nuestra primera cita.
Era una bochornosa y húmeda tarde de agosto en la Ciudad Condal. Quedamos que te pasarías por mi apartamento después de comer, sobre las cuatro, para tomar un café. Estabas a punto de llegar cuando de repente descargó una fuerte tormenta de verano en la ciudad.
Al oír el timbre, abrí la puerta y ahí estabas tu, empapada de arriba abajo, con un vestidito de lycra blanco que con el agua transparentaba todo tu cuerpo. Creo que me quedé algún segundo más de la cuenta fijándome en tus pezones erectos, que al no llevar sujetador apuntaban directamente hacia arriba.
-Hola! Soy Rocío. (Te presentastes con un dulce beso en los labios)
-Hola! Yo soy Pep. -Te contesté aún un poco perturbado.
Al verte en ese estado, fui a buscar una toalla y no declinaste la oportunidad de tomarte una buena ducha. Al darte media vuelta para dirigirte al baño puede contemplar tu precioso culo, realzado por un diminuto tanga. Al cabo de un buen rato, yo ya te esperaba sentado en el sofá del comedor con unas tacitas de café a punto de ser bebidas. Apareciste tu con mi toalla atada alrededor de tu cuerpo, por la parte inferior dejabas entrever el principio de las curvas de tu precioso culito. Te sentaste a mi lado y nos tomamos el café tranquilamente mientras escuchábamos un poquito de música del MTV y charlamos sobre nuestro encuentro a través de internet.
Al momento de tomarte tu último sorbo de café, ya estabas estirada en el sofá con tus pies encima de mi regazo. Una estimulante idea pasó por mi cabeza. Me levanté un momento y te pedí que no te movieras. Volví al instante con un pañuelo de seda que te até alrededor de tus ojos. Te sobresaltaste un poco.
-No te asustes.- Te susurré al oído. -Voy a realizarte un masaje por todo tu cuerpo, y quiero que tu piel goce al máximo de cada una de mis caricias.
Cuando terminé con la venda, cogí tus brazos y los estiré suavemente hacia atrás, para luego atar también tus muñecas con otro pañuelo. Me senté donde estaba antes, cogí uno de tus pies y empecé a acariciarlo suavemente. Al principio te hacía cosquillas, pero en seguida empezó a gustarte. Iba alternando un pie con el otro, e incluso te acariciaba los dos a la vez. Por tu respiración y los leves gemidos que se te escapaban no me resultó difícil adecuar mis caricias a tus zonas más erógenas. Empecé a besarte los dedos, y sin tu esperártelo, me metí el dedo gordo dentro de mi boca, succionando y chupándolo a la vez. Tu reacción no se hizo esperar y con el otro pie, ya empezabas a frotar mi verga por encima de mis pantalones. Al cabo de nos instantes, me quité los pantalones y los calzoncillos, y con los dedos del pie que te había chupado empezaste a pajearme de una forma maravillosa.
Tu otro pie, por su cuenta, ya reclamaba mis atenciones y buscaba mis labios y mi boca: No me negué en absoluto a complacerle. Yo ya estaba a tope, y tu cuerpo ya empezaba a removerse. Me hubiese gustado correrme entre tus pies, pero la tarde era muy larga y tu reclamabas todas mis atenciones.
Separé tus piernas ligeramente, y empecé a acariciarlas ambas a la vez, de forma suave, primero tus pantorrillas para ir luego subiendo hacía arriba por el exterior de ellas. Me acercaba a tu culo, justo donde terminaba la toalla, y desde mi posición pude observar perfectamente como tus braguitas se habían quedado en el baño, y un coñito rosado, perfectamente rasurado empezaba a dar señales de vida, desprendiendo un agradable olor a hembra en celo. El interior de tus muslos ya estaba hirviendo y las puntas de mis dedos rozaban el exterior de tus labios, pero sin llegar a tocarlos. Proseguí mi camino hacia arriba desatando el nudo de "mi" toalla, y pasando por encima de tu cuerpo, seguí acariciándote hasta tus brazos, que permanecían estirados hacía atrás y atados.Mis labios se entretían besándote el cuello y el lóbulo de la oreja.
-¿Cómo te encuentras? Te susurré al oido.Por respuesta tus labios buscaron a los míos para fundirse en un tórrido beso. Tu lengua no paraba de removerse en el interior de mi boca. Tus gemidos ya eran más que evidentes. Seguí besándote el cuello, aparté definitivamente la toalla de en medio y me introduje todo tu pecho derecho en la boca. Mi lengua jugueteaba con tu pezón erecto. Ahora tocaba comerme al izquierdo, mi mano mientras tanto, no perdía el tiempo, y empezaba a masajearte los pechos. Mi lengua prosiguió su camino, deteniéndose a besar el ombligo, pasar por tu bajo vientre y detenerse en la entrada de tu cueva que por esos instantes ya estaba bien mojada.
Empecé a besarte los labios exteriores en el momento en que mis manos te pellizcaban con firmeza tus dos pezones. Mi lengua se abrió camino hacía tu clítoris, que ya la estaba esperando ansioso de sus lametones. Unos deliciosos instantes después el temblor de tu cuerpo era una señal de lo que se avecinaba: El arqueo de tu espalda, junto con unos gemidos de placer desencadenó un largo y profundo orgasmo dentro de ti.
Mi lengua, no dejaba de besar y lamer tus labios y tu clítoris. Sin dejarte tiempo para que te recuperaras, empecé a introducir mi lengua hacia el interior de tu cueva. Primero despacio, para luego ir follándote con mi lengua a mayor velocidad. Tu cuerpo seguía temblando de placer, no sé si avecinaba un segundo orgasmo o todavía era la continuación del primero.
Pero cuando estabas a punto de volver a estallar, quité mi lengua, te levanté las piernas y empecé a besarte el culo. En ese momento debías estar a punto del clímax, porqué un "cabrón" se escapó de entre tus labios.
Tu ojete no hacía precisamente ascos a mis besos y a mi lengua. Cuando empezaba a estar suficientemente dilatado, introduje todo mi dedo corazón en el interior de tu culo. Con un suave mete-saca, tu cuerpo me íba pidiendo más, así que introduje otro dedo, pero este dentro de tu coño. Notaba como mis dos dedos se tocaban entre ellos, solamente separados por tus paredes internas. Tu respiración era muy acelerada y tus gemidos se entremezclaban con tus gritos de placer. Mi polla también estaba a punto de estallar.
Había llegado tu hora: Y sin quitar mis dedos, ya tenía la mano totalmente empapada de tus flujos, volví a comerme tu chochito. Tu orgasmo fue brutal. Volví a acariciarte los pechos con la mano que me quedaba libre, mientras con la otra notaba todas las convulsiones y espasmos de tu cuerpo.
Tu corrida terminó de ponerme a cien.Mis pelotas necesitaban descargar urgentemente, así que te di media vuelta, apoyándote sobre tus antebrazos y con tu culito en pompa, restregué mi polla por toda tu raja superempapada, para introducirla directamente por tu puerta de atrás.
Dios qué gusto notar como tu ano envolvía y succionaba toda mi verga. Mis movimientos eran cada vez más placenteros, hasta que al final, en una explosión te llené todo el culo con mi leche. Estaba en el séptimo cielo.
Me quedé un rato tumbado sobre tu espalda. Cuando mi pene perdió su rigidez, lo saqué de tu interior. Estaba todo empapado por una mezcla de nuestros flujos. Me levanté y me situé de pie delante tuyo. Nos entendimos a la perfección, porque a pesar de llevar los ojos todavía vendados, a tu lengua no le resultó difícil encontrar a mi polla. Empezaste a lamer y a succionar. Era delicioso. A los pocos instantes, mi polla ya empezaba a mostrar toda su rigidez. Estuviste un buen rato jugando con ella. Yo hubiese seguido una eternidad más en ese estado, pero tu chochito necesitaba una buena ración de sexo, y así me lo hiciste saber. Me senté al borde del sofà y tu te colocaste a horcajadas sobre mi, con los brazos por detrás de mi cuello.Tu solita te empalaste a la primera, soltando un gemido de placer. Me cabalgabas con decisión. Sin prisas, pero tampoco sin pausas. Mis manos no paraban de acariciar tu culo y tus caderas. Tus pechos saltaban libremente delante de mis ojos. No me costó cojer uno con la boca. Lo lamía y lo succionaba, hasta meter todo el que podía dentro de mi boca. Tu respiración, ritmo y gemidos íban en aumento. Los dos estábamos al máximo. Solté tus pechos, y pasando un brazo por tu espalda, te apreté fuertemente contra mi pecho. Yo ya estaba a punto de correrme cuando me suplicaste que te volviera a meter el dedo por el culo. Aquello fue el detonante: Me estaba corriendo de placer dentro de ti, cuando tu soltaste un grito de placer y te agarraste fuertemente a mi espalda. El orgasmo mutuo fue increíble. Me tumbé exhausto de espaldas sobre el sofá. Y tu te quedaste sobre mi pecho. Nos quedamos unos momentos sin movernos. Yo necesitaba recuperarme un poquito. Tú en cambio, te acercaste a mi oído para decirme:
- Mi boca está celosa; te has corrido en mi culo y en mi coño. Y todavía no he degustado por el entero el sabor de tu leche.Y sin esperar más, te escabulliste hasta encontrar a mi miembro.
- Dios mío, eres insaciable. Pensé.Estaba ya sin fuerzas, y creía que en esos momentos no podría tener otra erección. Pero tus besos, tus labios y tu lengua eran sensacionales. En unos instantes ya me tenías tieso cómo un mástil. Los siguientes minutos fueron los mejores de mi vida. Cuando al fin notaste que mi corrida estaba a punto de salir, te introdujistes toda mi polla por entero dentro de tu boca. Notaba cómo tu nariz tocaba la piel de mi vientre. Me corrí por tercera vez. Tu cabeza ni se movió, y todo el semen que me quedaba, lo engulliste sin inmutarte. Fue impresionante.
Té volviste a estirar sobre mi y nos quedamos dormidos lo que quedaba de la tarde.
Pep16 de agosto 2002
¿Me escribes algo, tú también?
Rocío Medina ICQ: 127357948
rocio@partylineerotico.com¿Has probado el video-party? El chat más calentorro... y con imágen! Unase al sitio más grande para encuentros personales en español Amigos Amores! Más historias calientes