[ Passwords a Vídeos Porno & mucho más enviando un solo SMS ] [ Galerías diarias de lesbianas ] [ Videos Porno Españoles!!! ]

[ Alocadas fiestas VIP's con total desenfreno y lujuria - Nuevas fotos TODOS los días ]

Carta de Descalzo

Pies de seda

¿Buscas morbo?

Mándame tus experiencias y cartas eróticas. Regalo una película porno a la mejor carta de cada semana!!!

Hola, me llaman Descalzo y soy un hombre de 28 años que  disfruta todo lo relacionado con el sexo. Particularmente lo que  más me gusta es todo lo relacionado con la  masturbación, el  exhibicionismo y sobre todo los pies femeninos. Unos pies  lindos y suaves pueden ser tan provocativos y sexys que  fácilmente pueden producir en mi una excitación total que  muchas veces me es imposible de ocultar. Hoy voy a compartir  con ustedes una experiencia que viví hace 2 meses con una  chica que jamás olvidaré.

Era un día de trabajo como cualquier otro y me encontraba  navegando en Internet durante la hora del almuerzo. Casi todos  habían salido a comer y la paz del lugar me permitía meterme en  paginas de historias eróticas. Me encanta leer sobre  experiencias de otras personas que tenemos el mismo deseo  sexual, y disfrutamos leyendo los que otros hacen para que,  después de calentarnos un rato mientras leemos, terminemos  con una rica masturbación a solas. Me encontraba totalmente  sumergido leyendo una historia de 2 amigas que descubrían la  masturbación juntas cuando comenzó a sonar el teléfono. 

Contesté y era la persona encargada de la entrada que me decía  que había un cliente en la puerta y que no había nadie que lo atendiera. Yo  molesto por la interrupción y con mi respiración aun exaltada, le  contesté a la operadora que no quería recibir a nadie en ese  momento porque me encontraba almorzando. La operadora  insistió en que la persona no quería irse y que le urgía ser  atendida en ese instante. Finalmente, no tuve mas alternativa que  suspender lo que leía y me fui molesto a recibir a la persona.  Pero todo se nublo en mi mente cuando vi aquella chica de unos  20 años esperando en la recepción para ser atendida. Era muy  sexy, elegantemente vestida con un taller, de cabello castaño y  liso, alta, como de 1.78 m, delgada pero con unos pechos  sobresalientes, una cintura pequeña y unos pies hermosos que  resaltaban en unas divinas sandalias que solo tenían una pequeña  tirita, lo cual permitía poder observar con detalle aquel par de  pies grandes y bellos. Creo que evidentemente mi cara me  delató, cuando al verla me sacó la mas dulce sonrisa y le  estreche la mano gentilmente para invitarla a pasar. Para mí fue  inolvidable el momento en que suavemente pronuncio su  nombre...: "Carolina".

Ella se mostró bastante agradada e inmediatamente comenzó a  hablar de la compañía a la cual representaba mientras  caminábamos hacia la sala de reuniones. Debo admitir que no  presté ninguna atención a lo que decía. Mis ojos lo que hacían  era devorarla sin disimulo mientras ella conversaba sin parar.  Una vez en la sala de reuniones, mandé a que nos trajeran café y  ordené que no nos interrumpieran. Poco a poco traté de  quitarnos la formalidad de la reunión y de repente cuando leía  uno de sus informes para un proyecto ella me dijo: "Me  encantan estas sandalias. Las compré hace 2 semanas y ya no  sufro teniendo esos zapatos cerrados todo el día." Al mismo  tiempo que decía esto tenía una pierna cruzada, con su pie  derecho descalzo encima de su muslo izquierdo, y su mano  acariciando tiernamente la planta desnuda de su pie.  Inmediatamente me comentó, "Me encantan además, porque me  las puedo quitar en cualquier parte y mis pies se sienten frescos  y libres". Quizás para ella ese era un tema de conversación  trivial, pero para mi fue motivo suficiente para excitarme. Estaba  en shock mientras veía aquella belleza acariciándose sus plantas  sin ningún pudor enfrente de mí. Lo único que alcancé decir fue:  "Tienes unos pies preciosos Carolina". Ella sonrió y me contesto:  "Gracias Luis; te puedo llamar Luis, no?" y yo contesté, "Claro  mi vida, dejemos tanta formalidad". Hubo un instante de silencio;  un intercambio de miradas y de sonrisas. Poco después ella me  dijo "Luis, por qué no nos vamos a tomar un café en otra parte y  hablamos con más calma, te parece?" No podía creer que  aquella mujer fuera la que estuviera insistiéndome en salir de ahí.  Me sentí confundido; incluso por un momento pensé que estaba  soñando. Decidimos irnos en mi auto, y una vez en el auto, su  mirada se tornó más relajada y llena de picardía. Comenzamos a  hablar con más confianza y dejamos el tema del trabajo de lado.  Mientras hablábamos, ella se quitó sus sandalias y recostó sus  pies descalzos encima de la guantera del carro. Inmediatamente  después me dijo "Te juro Luis que si fuera por mí, viviría  descalza. Siempre me pasa que donde quiera que voy estoy  buscando el momento para quitarme las sandalias…","Es que  me encanta sentir que las plantas de mis pies tocan algo que no  son mis zapatos…", "Creo que por eso es que me la paso  acariciándome los pies". Yo no podía creer que aquella mujer  me hablaba tan frescamente de algo que para mí había sido  motivo de excitación durante toda mi vida. Mi respuesta fue "Mi  amor, es que realmente tus pies son preciosos… no deberías  usar ningún tipo de zapatos… " al mismo tiempo que decía eso  mi mano se dirigía a su pie y acaricie con ternura la suave piel de  sus plantas. Ella dijo "Ay Luis... eso me encanta… síguelo  haciendo, porfa".

No había terminado de decirme eso cuando coloco sus 2 pies  descalzos sobre mi pierna derecha. Casi sin pensar comencé a  acariciarle las plantas de sus pies con mis manos… sentir aquella  piel fresca… suave… bella… evidentemente cuidada… me hizo  casi temblar mientras seguía manejando. Sus pies eran grandes,  quizás calzaría un 43, eran delgados y largos y sus dedos eran  perfectamente redondeados. Nunca había visto unos pies tan  bellos con una piel de seda que era bella solamente verla. A  medida que le acariciaba los pies, sus ojos retornaron muy  brillantes y poco a poco fue cerrándolos mientras mostraba la  más dulce de las sonrisas. Con sus ojos cerrados me dijo a  manera de confesión: "Luis, te tengo que hacer una confesión".  A lo que yo le dije: "lo que quieras mi vida… dime". Ella  contestó: "Eso que haces es lo que más me excita en el  mundo… creo que estoy a punto de alcanzar el orgasmo si  continuas acariciándome los pies de esa manera". Y yo le dije:  "Carol, a mi también me excita hacerte esto, te juro que podría  hacerlo toda la tarde". Y ella contestó: "…si sigues me voy a  tener que masturbar". En ese momento sentí un escalofrio en mi  cuerpo; por un momento pensé en solamente detener el auto y  hacerle el amor en donde fuese. Mi reacción fue levantar uno de  sus pies y comenzar a lamérselo con mi lengua, mientras yo  seguía manejando. No sabía a donde iba. Solo quería lamer sus  pies y siguió sintiendo esa locura del momento… quería hacerla  delirar de ganas.

Mi lengua recorría con ansias toda la piel de sus plantas y  terminé chupando los dedos de sus pies, uno por uno. No  quería parar, quería más, estaba saciando mi más profundo  anhelo con unos pies femeninos. Aun recuerdo lo suave que se  sentía mi lengua cuando lamía sus plantas. Recuerdo incluso que  sus pies olían al mismo perfume que ella usaba. Ella, poco a  poco reclinó su cabeza hacia atrás y terminó casi totalmente  acostada. Comenzó a gemir, era como si ya no podía  contenerse más. Me decía "No pares mi amor, no pares,  sígueme lamiéndome los pies, está demasiado rico". Fue  entonces cuando se bajó el cierre y vi como su mano  desapareció dentro de sus pantalones. Su mano se movía  frenéticamente, con ganas, casi con desesperación. Estoy seguro  que en aquel momento ella no podía parar, aunque se lo hubiese  pedido. Estaba como perdía en el placer, masturbándose con  ganas y diciéndome "Papi, que rico, no pares, sígueme lamiendo  los pies". Fue entonces cuando ya los gemidos se convirtieron  en gritos… y mi boca ya no lamía sino que chupaba sus pies…  era como un vicio… era como si yo tuviera el orgasmo al mismo  tiempo que ella. Todo esto mientras yo manejaba. La verdad es  que no noté si alguna persona en otro auto nos vio, pero de  haber sido así, ojalá que haya disfrutado viendo sólo el 10% de  lo que yo sentí. Casi llegando al orgasmo, ella se quitó la blusa  que cargaba puesta, así como el sostén, para así poder  apretarse bien los senos y pellizcarse los pezones como tanto  quería. Finalmente, su orgasmo fue una especie de convulsión en  la que agitaba la cabeza y sus manos apretaban con fuerzas sus  senos y su clítoris. Fue increíblemente bella su cara de felicidad  al terminar y ver el brillo de sus ojos. Fue entonces cuando  decidió sentarse de lado, viendo hacia mí, aun con sus senos al  aire libre y con riesgo a que alguien en los autos cercanos notara  que no llevaba nada puesto. Pero su cara de felicidad me  demostraba que nada más le importaba… que se sentía feliz y  que había sentido algo que hacia muchísimo tiempo deseaba  muy dentro de si misma.

Yo disfruté increíblemente de aquel espectáculo, tanto, que sólo  con lamerle sus pies mi ropa interior estaba toda llena de semen.  Poco tiempo después de su orgasmo, cuando ella recuperó el  aliento y yo seguía aun manejando sin rumbo, recostó su pie  encima de mi pantalón, exactamente encima de mi miembro. Me  dijo "Es tu turno mi rey". Sin decir, una palabra, saco mi  miembro fuera de mi pantalón y lo comenzó a chupar  divinamente por un largo rato. Lo hacía tan bien, se lo metía casi  todo en su boca y lamía con suavidad la cabeza. Me sentía en el  cielo. Después se acomodo y comenzó a masturbarme con la  planta de su pie. Era divino, se sentía mejor que si lo hubiese  hecho con su mano. El ritmo era perfecto… sin presionar  mucho, ni poco. Por un momento creí perder el conocimiento  mientras manejaba. Me siguió masturbando con su pie, y por  pequeños lapsos, interrumpía lo que hacía y dirigía su pie a mi  boca para que lo chupara. Me encanta aquel espectáculo, yo  lamiendo sus preciosos pies con mi semen sobre ellos. Me fui  excitando más y más y por un momento desee que eso durara  para siempre. Cuando estuve mas cerca del orgasmo mis  gemidos eran ya gritos… y no hacía más que repetirle "Me  encantas Carolina, no pares, dame tus pies, quiero chuparlos".  A los pocos minutos sentí venirme y ella hábilmente cambio de  posición y esperó que todo mi semen fuera derramado dentro  de su boca. Fue exquisito, chupó cada gota de mi semen,  tragándoselo todo, sin dejar rastro. Finalmente, concluimos con  un largo beso lleno de agradecimiento y placer. Después de  mucho rodar, terminamos  en un motel, haciendo el amor toda la noche. Por supuesto, en  todo lo que hicimos, siempre buscamos usar nuestros pies de  alguna forma… pero ya esa será parte de  otra historia. Lo que sí, es que debo admitir que esta fue la  mejor experiencia sexual  que jamás haya
tenido en toda mi vida.

Descalzo.

¿Me escribes algo, tú también?

Rocío Medina                ICQ: 127357948
rocio@partylineerotico.com

Unase al sitio más grande para encuentros personales en español - Amigos Amores!

Más historias calientes