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Mi Príncipe Azul
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De pequeña y de jovencita creí siempre en el amor eterno. En el famoso principe azul que llega en un momento u otro de la vida. En ese sentimiento que empequeñece cualquier otro. En paseos por la playa a la luz de la luna. En una casa para dos. Un vestido blanco y largo que me hiciera ser la más guapa de todas por un día.
Mi historia no va de desencantos, ni de un principe azul que no apareció o que se convirtió en rana. El aparecio, alto, moreno, con manos grandes, y un gran corazón. De eso hace ya muchos años, y siempre ha estado a mi lado.El sexo con el es bueno y, a veces, mejor que bueno. Me encanta no tener que explicar que quiero, porque ya lo sabe. Me gusta saber que si le beso la polla mientras le digo buenas noches, la noche acabará con una fiesta de gemidos y fluidos. No soy ninguna mojigata. Me gusta en sexo, las pollas, chuparlas, acariciarlas y sentir su puntita caliente, suave y jugosa en mis labios (en los de arriba y en los de abajo). Me gusta cabalgar y que me cabalguen. Y todo eso con él es posible, además de con la seguridad que dan los años. Si todos entendieramos que el sexo es una afición y no un hobby todo sería más divertido y sencillo. En lugar de coleccionar piedras, joyas o muñecas podríamos coleccionar penetraciones, mamadas, gemidos, gritos,...
Mi principe sigue aquí conmigo, sólo que ahora no sé si es azul, rojo, verde, o de cualquier otro color... Porque resulta que en la vida hay muchos principes y cada uno tiene un tono distinto.
Mi concepto de fidelidad cambió el día que un principe, quizás rojo, me dijo: "tendemos a confundir fidelidad con lealtad, dándole importancia a la primera cuando la que realmente importa es la segunda". En ese momento sólo pensé: "esté me quiere echar un polvo y ya no sabe que inventarse", pero ni lo intentó y durante un tiempo olvidé la frase hasta que mi principe verde entró en mi vida, y en otros sitios.
No importa mucho donde le conocí ni como. Pero hacía tiempo que nos conocíamos. Fue entrando en mi vida como después lo hizo en mi vagina, poco a poco pero con entusiasmo. Aquel día habíamos salido de una jornada muy intensa, era mediodía y decidimos pedir bocadillos para todos, eramos unas 10 personas, para no tener que parar. Verde y yo fuimos a por ellos con la larga lista de la compra. Al volver todos nos miraban con unas caras rarísimas de mofa, creo que la química se palpaba en el ambiente. Nos sentamos en el suelo y empecemos a comer. Yo le di un trozo de mi bocadillo mientras lo sostenía firmemente con la mano, a su vez el hizo lo mismo, así, entre risas, acabamos acercándonos y besándonos, como si fuera lo más natural del mundo, y debía serlo. Los demás ni siquiera se extrañaron, creo que lo esperaban. Pero lo que no esperaban es que no pudieramos parar.
Allí estabamos los 10 sentados en círculo y él y yo ajenos al mundo, yo reconozco que perdí todo de vista en el momento en que me agarró por la cintura y acercó mi cuerpo al suyo. Mis manos cobraron vida propia ante aquella situación tan inesperada y deseada al mismo tiempo. comenzamos a acariciarnos y para cuando nos dimos cuenta su mano estaba en mi clítoris y la mía en su polla. Me quitó los pantalones con la ansiedad de quien no puede controlar una situación, me levantó en brazos y me penetró. No sé cuanto tiempo estuvimos así, ni tan siquiera cuantas posturas y gritos. Sólo recuerdo que sentí toda la fuerza de su semen en mi interior y los espasmos de los dos recordándome que seguía viva. Nos abrazamos en silencio y de pronto el mundo volvió a existir. Sentí un ardor en mis mejillas mezcla de vergüenza y placer saciado. Y levanté la vista para mirar alrededor. Todos se habían ido. Nos habían dado la intimidad que necesitabamos aunque no sabemos si por vergüenza ajena, por pudor o por amistad.
Desde aquel día soy leal, pero no fiel. Sigo con mi principe azul y tengo a mi principe verde siempre conmigo. Pero también tengo un principe rojo y uno amarillo y ... quien sabe. Quizás consiga coleccionar el arco iris entero.
¿Me escribes algo, tú también?Rocío Medina ICQ: 127357948
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