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O mírate estas fotos... Carta de José A.

Sorpresa sexy en la playa

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Hace pocos días, solos Elena, mi mujer, y yo, fuimos a pasar un día en una playa solitaria que habíamos "descubierto" por casualidad el pasado invierno.

Decidimos llevar unos bocadillos y bebida por si realmente podíamos estar solos.   Por suerte la mañana así fue. La playa estaba solitaria y tranquila por ello decidimos dejar en la bolsa los bañadores y quedarnos desnudos para bañarnos y tomar el sol que  ha sido siempre mi ilusión playera.

No he dicho antes que ambos acabamos de cumplir cuarenta años y tenemos unos cuerpos ágiles,  esbeltos y cuidados por caminar, diez kilómetros diarios además de jugar al tenis y nadar en la piscina del club al que pertenecemos desde niños.
Hacia medio día, después de darnos unos baños de mar y de sol deliciosos mientras descansábamos, tomamos unos bocadillos y unas cervezas  y nos tendimos de nuevo al sol.  Con el calor y las cervezas nos entró una pequeña modorra de la que despertamos con una mayúscula sorpresa.

Oíamos voces de hombres y al incorporarnos vimos que estábamos siendo observados por dos gigantescos morenos.   Ellos también estaban desnudos y con sus herramientas sexuales  en plena forma.     ¡¡¡ Qué forma  y qué enormes aparatos ¡¡¡
Él más alto medía casi dos metros de estatura y su pene al menos 20 centímetros y era gordo como una tranca.   El otro pasaría del metro noventa y su polla tendría más de 18 centímetros y algo era algo más fina que la de su compañero.   Ambas  mayores que la mía.   Los dos eran de complexión atlética y fuertes como gladiadores. Parecían antiguos descargadores de muelles

Al momento de verlos los ojos de mi mujer igual que los míos, como atraídos por un imán, fueron derechos a sus penes.

En un perfecto castellano con acento extranjero nos dijeron que se disponían, en vista de la facilidad que se les presentaba, a realizar actos sexuales con los dos y que si no oponíamos resistencia serían buenos y no nos harían daño.

Yo, como es natural,  me negué diciendo que no tenían derecho para hacer eso.   Él más alto de los dos, riendo y agarrando su gran pene me dijo que si no me parecía bastante derecho. Y que  tanto si nos dejábamos como si no, nos iban a joder del mismo modo, primero a uno y después al otro.

Elena y yo nos quedamos paralizados por la sorpresa y el temor, ellos se acercaron y nos mostraron además una navaja cada uno que hasta el momento nos había pasado desapercibida con lo que nuestro miedo creció.

El menos alto pero más fornido me tomó, con fuerza, de un brazo y acercándome la navaja al cuello dijo:

"mi amigo va a joder con tu mujer y tú te vas a estar quieto y callado si no quieres que os rajemos a los dos"
 
Mi mujer con grandes gritos pedía ayuda y por ello el que estaba a su lado le aproximó la navaja a un  pecho diciendo:

" Calla  y estáte quieta que si te portas bien vas a recibir el mejor premio que has tenido en tu vida"

Y acostándola a la fuerza sobre la toalla, primero le enseñó aquella enorme polla y después se puso sobre ella  y le separó con fuerza las piernas.  Era un hombre fuerte y bello como una escultura griega, que a pesar de ser de raza negra era hermoso de facciones y sin un solo vello en el cuerpo, excepto el pubis.
Elena, dándose cuenta que era imposible evitar la violación, se dejó hacer y el individuo mojándose con  saliva la punta metió su pene en la extrañamente lubricada vagina de mi mujer.
 

A poco de los primeros movimientos el hombre que me sujetaba, haciéndome notar su navaja en el cuello, me dijo:

"Mira como jode de bien tu mujer y como disfruta con la polla de mi amigo"

A mí realmente me pareció que era cierto pues Elena, que al principio no disfrutaba si no que estaba muy enfadada y muy alterada por el miedo, en el transcurso de la violación y debido al gran nerviosismo, según me comentó más tarde, se fue excitando y empezó a sentir, con gran extrañeza, cierto placer de notar una polla tan grande como la que  estaba sintiendo que le llegaba a lo más profundo de su ser a la par le hacía gozar un placer extraño.
Ella nunca había tenido otra polla que la mía que es más pequeña que la del sujeto que me tenía inmovilizado y mucho menor que la que tenía ella dentro.  El violador  por supuesto que disfrutaba y de qué manera pues se veía que con sus pollazos a Elena cada vez lo hacía más y más despacio recreándose en cada entrada dentro de mi mujer.
 
Al cabo de un rato, que a mí se me hizo eterno, de follar con esa gran parsimonia y ese gran deleite, el moreno  empezó a jadear a la par que arreciaba en sus empujones con la pelvis apretando mucho con las piernas y el culo diciendo:

"Que bien té estas portando y de premio ya te regalo toda mi leche, toma y toma"

 Y  con grandes movimientos llegó al orgasmo más salvaje que había presenciado en mi vida. Pero mi sorpresa fue mayor al observar que Elena  retenía al hombre abrazándose a él. Estaba teniendo otro  orgasmo de características parecidas y casi al mismo tiempo que el violador que, acabado el orgasmo, se quedó tumbado encima de Elena aplastándola con su corpachón. Pero a mí me pareció que a ella no le pesaba demasiado, tanto era el placer que había sentido.

A poco el violador se levantó, ayudando con cortesía a Elena a sentarse en la toalla en el suelo y diciendo:

"¡Ves, como te has portado bien y has colaborado, te lo has pasado mejor que nunca con tu marido. ¿No es cierto?"

Y dirijiendóse a su amigo y a mí:

"Ahora os toca a vosotros. A ver como os portáis, ya habéis visto que bien se jode en la playa"

Como quiera que acababa de ver ese enorme polvo el hombre que me retenía esperaba con el pene totalmente erecto me dijo:

"Venga, colabora y verás qué  bien lo pasamos"

Me obligó a ponerme, en la toalla, acostado sobre la espalda y levantar las piernas.  Así le ofrecía, sin quererlo yo, mi ano totalmente preparado.    Él, ante mi extrañeza, con cuidado mojó la punta de su pene para a continuación apuntarlo en mi ano.   El individuo en cuestión, moreno de raza, al igual que su compañero, era un ejemplar de pasarela. Fornido y guapo también con un torso sin un solo pelo y el rostro agraciado.
Me extrañó no sentir un gran dolor al meterme la polla y poco a poco noté que entraba hasta el final.   Al sentirla toda dentro me empezó una erección involuntaria que a Elena, a quien su violador obligaba a mirarnos, le extrañó y comentó:

"¿Pero, será posible que te guste que te estén dando por el culo?"  " no sabía que fueras tan maricón y que te gustase que te jodieran"

Y era cierto, tener esa gran polla dentro de mi culo me estaba proporcionando un placer nunca sentido pues nunca había tenido relaciones sexuales con ningún hombre hasta ese momento.

Con gran suavidad y con movimientos de mete y saca me follaba con delicadeza, se notaba que estaba acostumbrado a follar por el culo. Notando que yo ya no ofrecía resistencia relajó su gran presión y continuó follándome como si de su pareja habitual se tratase.  Con gran suavidad me dijo:

"¿Ves que bien lo estamos pasando?  Si sigues así vamos a disfrutar los dos como nunca".

Era cierto yo estaba sintiendo un placer que en la vida había notado  y realmente estaba extrañado de no haber sufrido dolor con esa polla grande y gruesa.

Después de un rato, que a Elena le pareció eterno y a mí se me hizo corto, arreció en sus movimientos de mete saca.     Ahora ya no eran suaves sino fuertes como un toro salvaje.  Me clavaba su polla en el culo y a poco sentí un gran calor en mi interior.     Se estaba corriendo en mi culo y a mí me llegó a la vez un orgasmo como no había sentido en mi larga vida sexual.

Con voz medio desfallecida por el agotamiento me dijo:

"¿Has visto lo bien que lo hemos pasado? "   "En tu vida habías tenido un amante como yo".

Y era cierto nunca había sentido un placer tan grande por ello lamenté que sacase la polla de mi culo y  cuando se levantó dijo:

"Muchas gracias por lo bien que os habéis portado. Ya os dijimos que si erais buenos no os haríamos daño, si no que os daríamos mucho gusto y de verdad que hemos disfrutado los cuatro".

Si más palabras se marcharon a toda prisa, dejándonos  a solas con nuestros remordimientos.

Elena y yo como comentamos al ver que habían vuelto a dejarnos solos y no nos habían causado más daño que las violaciones.  Ella me recriminó, de nuevo llamándome maricón, no solo que me hubiera empalmado si no que  además me corriera como lo había hecho cuando me daban por el culo.
Yo a mi vez le recordé, con coraje, que ella había disfrutado de la manera que lo había hecho hasta había  abrazado a su violador y corriéndose de la forma y cantidad que se había corrido y que me parecía que más que nunca follando conmigo.

Ella me respondió que seguramente fuera debido a la gran irritación y mal estar del principio y que al ser la polla mucho más grande que la mía la diferencia además de la suavidad con que la poseyó había disparado su sexualidad y al final, después de los nervios se desató el placer, realmente, el más grande que había sentido jamás.

Yo dejé pasar, sin más comentario, el asunto y le pregunté que si creía conveniente y necesario presentar denuncia a las autoridades. Y que pensaba que para ello debíamos acudir lo primero a un hospital sin siquiera lavarnos en el mar.
Elena me respondió que puesto que no nos habían hecho daño, no había peligro de embarazo pues llevaba puesto el DIU y además no conocíamos en absoluto por no haber visto antes en la vida a los violadores  y no teníamos más pruebas que el semen que nos habían dejado dentro de nuestros cuerpos pues ni huella de daños nos habían dejado,  sería vergonzoso, mucho más para mí, demostrarlo. A parte de que creía que a la policía le iba a resultar muy difícil el localizarlos para pedirles responsabilidad y castigo, que por otra parte opinaba que no se merecían pues nos habían hecho gozar y de qué manera.

Yo me mostré de acuerdo en todo con ella y le invité a lavarnos en el mar y de paso hacernos unas caricias, recordando las violaciones que habíamos "padecido"

Dicho y hecho Elena y yo abrazados y besándonos fuimos a la orilla y nos zambullimos en el mar, naturalmente desnudos como estabamos,  donde nos dimos unos buenos lavados a la vez que nos acariciábamos mutuamente las partes en que habíamos recibido el semen de los dos grandes y guapos morenos.   Según nos acariciamos para lavarnos me vino una erección y en vista de que estabamos solos le metí el pene en su ya lavada y aún dilatada vagina e hicimos el amor con gran deleite por parte de los dos.
El orgasmo nos llegó a la vez, no muy grande pero sí gozoso.  Terminado nos volvimos a lavar y salimos del agua para secarnos y dar por finalizada la jornada en la playa.
 
Ya en el coche y de regreso a casa volvimos a  comentar con cierto regusto la experiencia de los dos con unos hombres tan altos y fuertes y con unos penes tan grandes. A mí me vino otra erección al comentarlo. Claro que a ninguno de los dos nos agradaba la forma en que nos habíamos puesto los cuernos mutuamente, por primera vez y ante nuestra vista.

Llegada la noche, a la hora de acostarnos, comentamos de nuevo la "experiencia"  recordando el miedo que habíamos pasado y las enormes pollas que nos habían metido a ambos y lo guapos, altos e  impresionantes que eran.

Elena ya no se mostró enfadada por que yo hubiera resultado un buen tomador por el culo que, opinó, debía de tener muy  grande para recibir sin daño, como así había sido, la polla tan enorme que me había metido mi violador.   Yo a mi vez le recordé el tamaño tan enorme del pene que le habían tocado en suerte.    Comentando a mi vez que había sido un reparto justo pues al revés me habría destrozado el ano y ella no habría disfrutado tanto.
Y calientes con los recuerdos, volvimos a hacer el amor con mucho cariño y delicadeza además de apasionadamente.   Al final del amoroso reencuentro Elena me comentó que sí la polla del moreno era mucho más grande la mía era mucho más cariñosa y su chocho estaba hecho por y para ésta.
 
José A.

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Rocío Medina                ICQ: 127357948
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